Diseño gráfico y pintura. Dos artes con mucho en común

 

A veces, parece existir una guerra abierta entre los diseñadores gráficos y los pintores. Cualquiera diría que los unos no quieren mezclarse con los otros, y viceversa, para conservar cierta pureza de profesión. Sin embargo, lo cierto es que ambas disciplinas están cada día más cerca no ya de tocarse, sino de fusionarse en una misma. Y queremos explicarte por qué.

¿Qué los separa?

Son, sobre todo, dos puntos básicos los que producen la tensión entre ambos géneros. Por un lado, la forma de producción. El diseño gráfico es algo que trabaja con la tecnología, que emplea la informática para llevar su producto a cabo, mientras que la pintura utiliza las habilidades manuales y artísticas de la persona para producir sus obras.

El otro punto es el del dinero. Los pintores muchas veces ven a los diseñadores gráficos como una suerte de mercenarios que utilizan la imagen y sus efectos para ganarse la vida, mientras que los pintores hacen directamente arte.

Sin embargo, para muchos esta distinción no tiene sentido. La pintura utilizó durante siglos la ciencia para nutrir nuevas obras. El ejemplo más icónico es el de Da Vinci y sus conocimientos sobre matemáticas que aplicó a sus obras. Por tanto, no le resta profesionalidad ni técnica utilizar la tecnología, ya que también aquí es importante saber cómo emplearla.

Y, por el otro lado, también los pintores tienen que ganarse la vida, y no todos sus trabajos son igual de artísticos.

El diseñador gráfico, más cerca del artista

En la actualidad, mucha gente ya ve como errada esa diferenciación. De hecho, puedes empezar a encontrar un pujante grupo de artistas gráficos, como es el caso de Lucia Espinós, que tratan de desdibujar la línea que existe entre ambas profesiones, apostando por hacer arte del diseño, y por utilizar la tecnología y la composición en la pintura.

Al fin y al cabo, ambos profesionales trabajan con la imagen y la imaginación. Utilizan los mismos recursos creativos para llegar a un mismo lugar en común en el que desarrollar sus ideas y sus imágenes. Los conocimientos sobre trazado y color tienen que ser los mismos.

Otro argumento a favor de una unión entre ambos es el de que el diseño no es más que una extensión natural de la pintura. Es decir: consigue llegar justo ahí a donde ella muchas veces no puede. Lo cual no implica superioridad ni inferioridad por parte de ninguna, sencillamente nos habla sobre las condiciones de cada una de ellas. Al fin y al cabo, si lo meditas con calma, el diseño no es otra cosa más que emplear la tecnología de nuestro tiempo para hacer exactamente lo mismo que hacía antes un pintor, solo que en otro espacio.

En conclusión, pintores y diseñadores comparten ya un mismo espacio en los museos. Además, en ambas disciplinas se puede adivinar perfectamente un pasado similar y una misma intención. Por tanto, puedes encontrar muchos argumentos a favor de la unión de dos disciplinas artística que cada día se tocan un poco más.

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